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Jueves, 06 de Agosto de 2009 21:13

Mariana Carbajal / Página 12 

Se dicta tanto en las escuelas públicas como privadas, aunque sean laicas. La asignatura lleva calificación y los chicos deben rezar antes de entrar a clases. Salta se sumó así a otras provincias con educación religiosa. Y el debate ya trascendió la provincia.

En las escuelas primarias públicas de Salta los alumnos tienen que rezar antes de entrar a clase. En algunas, incluso, hay pequeños altarcitos con ofrendas. La educación religiosa es una materia obligatoria tanto en establecimientos públicos como privados –aun en los que se definen como laicos– y la asignatura lleva calificación. En la mayoría de los casos los contenidos que se imparten son los del catecismo y quien los dicta es una docente egresada del Profesorado de Ciencias Sagradas Monseñor Tavella, un instituto de formación religiosa que depende de la curia y cuya “finalidad es formar a los estudiantes como asistentes pastorales y dirigentes católicos”, según se enuncia en su página web institucional. El gobernador kirchnerista Juan Manuel Urtubey podría haber puesto fin a semejante resabio colonial pero, en cambio, acaba de promulgar una flamante ley de educación provincial –que el mismo gobierno impulsó– que mantiene como obligatoria la enseñanza religiosa en el nivel primario y que destaca la participación primordial de la Iglesia Católica como una de las responsables de orientar las acciones educativas. La normativa genera polémica. Consultado por este diario, el ministro de Educación de la Nación, Juan Carlos Tedesco, dijo que le habría gustado “una propuesta más republicana”. La secretaria general de Ctera, Estela Maldonado, la cuestionó en duros términos (ver aparte). Ya hay denuncias en la delegación local del Inadi de un grupo de unos 180 padres que la rechazan. “Es un sistema que discrimina. Mis hijos hacen la mímica del rezo todos los días para que no les digan nada”, señaló a este diario Alejandra Glik, una de las denunciantes, cuyos tres hijos concurren a una primaria en la localidad de Vaqueros, pegada a la capital salteña. El gobernador defiende la obligatoriedad de la enseñanza religiosa: “La Constitución provincial la establece”, dijo a este diario. Además, agregó, es “una realidad de tiempo inmemorial” en Salta.

La ley fue sancionada por el Senado salteño a fines de diciembre. Retoma el texto de la Constitución provincial que en su artículo 49 sostiene que los padres y en su caso los tutores “tienen derecho a que sus hijos o pupilos reciban en la escuela pública la educación religiosa que esté e acuerdo con sus propias convicciones”. La flamante normativa, en su artículo 28, inciso “ñ”, obliga a las escuelas primarias a brindar enseñanza religiosa dentro de los horarios de clase, atendiendo a las creencias de los padres y tutores, que decidirán sobre la participación de sus hijos o pupilos. El mismo inciso aclara que “los contenidos y la habilitación docente requerirán el aval de la respectiva autoridad religiosa”.

La presidenta del Inadi, María José Lubertino, le envió una carta a Urtubey en la que le advirtió que su aplicación atentará contra el derecho a la libertad de conciencia, previsto en la Constitución Nacional, que incluye el derecho a no profesar ninguna religión. La delegación local del Inadi, además, emitió un extenso dictamen que oportunamente envió a la Legislatura, durante el debate parlamentario, donde señala que diversos instrumentos internacionales de derechos humanos ratificados por el país incluyen la libertad de tener creencias teístas, no teístas y ateas, así como el derecho a no profesar ninguna religión o creencia.

La gobernación argumenta que podrán retirarse del aula los hijos de quienes rechacen la asignatura. “La obligación es de la escuela de tener oferta de educación religiosa, no del chico de cursar religión”, señaló Urtubey a Página/12. “La familia del chico puede resolver que estudie determinada religión, no sólo la católica, o que no estudie religión y chau, se termina la historia”, añadió.

La gobernación asegura que los contenidos no se centrarán en el catolicismo. Pero pocos lo creen teniendo en cuenta el fuerte peso que históricamente ha tenido la jerarquía católica en esa provincia, al punto de que, por ejemplo, logró que nunca se reglamente ni se aplique la ley de salud sexual y reproductiva, que establece la distribución gratuita de anticonceptivos, entre ellos, preservativos, entre otros objetivos.

Según relatan diversas fuentes consultadas por este diario, es raro encontrar que la materia, que ya se venía dictando, no se centre en el catecismo católico. También es complejo implementar un sistema por el cual los alumnos se retiren del aula. Y en tal caso, quedarían expuestos como “diferentes”, advierten algunos padres como Pablo Moraga. Su hijo, de 8 años, concurre a una escuela privada de la ciudad de Salta, la Dante Alighieri, un colegio inscripto como laico, pero en el que se enseña como materia curricular “religión”, dado que la anterior ley de educación Nº 6829/95 ya la estipulaba como una asignatura del plan de estudios.

A mediados de año, mientras se empezaba a discutir el proyecto de reforma educativa redactado por el Ministerio de Educación provincial, Moraga hizo una denuncia ante la delegación salteña del Inadi. “De una interpretación textual de la norma, pareciera que como padres tenemos derecho a optar atendiendo a nuestras creencias. Sin embargo, en realidad, en las jornadas diarias de clases en el colegio, tal opción no es atendida, pues en el boletín de calificaciones se registra la materia ‘religión’ y se inserta la nota de calificación correspondiente, impartiéndose con una señorita catequista orientaciones o principios de valores hacia el bien común, pero que trasuntan la religiosidad católica. Entendemos que en estas circunstancias queda materializado el acto discriminatorio”, señala la denuncia. Moraga tiene una empresa de tecnología informática en la ciudad de Salta. “Con la nueva ley, que volvió a convalidar la obligatoriedad de la enseñanza religiosa, sentimos una profunda agresión a nuestra manera de vivir y concebir el mundo. Y nos vemos obligados a que en el mejor de los casos nuestro hijo se levante y se retire de clase como el diferente, lo cual genera una situación de discriminación. En mi caso soy ateo, pero mi señora es a-religiosa. Por eso no enseñamos a nuestros hijos en ninguna religión, y es un atropello que sea el Estado el que decida imponernos creencias ajenas a nosotros”, dijo Moraga a Página/12.

Viviana Broglia es profesora de Genética en la Universidad Nacional de Salta. Tiene dos hijos, de 7 y 9 años. Fue una de las 180 personas, entre madres y padres de alumnos de distintas escuelas públicas salteñas, que a mediados de año hicieron una presentación en la Secretaría de Derechos Humanos del gobierno provincial, rechazando la enseñanza religiosa obligatoria. “No tuvimos ninguna respuesta. Entonces llevamos nuestra denuncia al Inadi –contó a este diario–. El problema es que es un tema que ni siquiera se discute: se da como una imposición dogmática”, consideró. Sus hijos van a la escuela René Favaloro, de la localidad de Vaqueros, a unos seis kilómetros de la ciudad capital. En estos momentos el cargo de maestra de religión está vacante, de modo que en el último año los niños no tuvieron la polémica asignatura, pero de todas formas podrían nombrar a una maestra y tener que cursarla, aclaró Broglia. “Si fuera la enseñanza de los principios de todas las religiones, con una visión más tolerante, tal vez se podría aceptar, pero en la práctica sucede que les dan catecismo, y las docentes se forman en el Instituto Monseñor Tavella, de la curia”, agregó.

Alejandra Glik también firmó la denuncia que llegó al Inadi. Es empleada administrativa. Tiene tres hijos, de 6, 8 y 11 años, que concurren a una escuela pública. En su caso no quiere que sus hijos reciban la materia de ninguna manera. “En segundo grado, mi hijo mayor me pidió no ir a las clases de religión. Venía la Semana Santa y estaban viendo la crucifixión de Cristo y tenía pesadillas. Pedí a las autoridades del colegio que lo dejaran salir de clase en esa hora, pero me dijeron que no se podían hacer responsables de él fuera de clase porque no tenía a dónde ir. Para los hijos de familias no religiosas es muy difícil tener la materia. Es un sistema que los discrimina. A la mañana rezan junto con la izada de la bandera. Mis hijos hacen la mímica del rezo para que no les digan nada. Entre los padres que firmaron la presentación muchos cuentan que hay maestras que rezan cuando les dan la copa de leche, en algunas escuelas hay altarcitos en las aulas, o las maestras los obligan a escribir una oración al empezar el día de agradecimiento a la Virgen, por ejemplo”, describió Glik, en diálogo con Página/12.

 

 
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