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Argentina: Áspera agenda con el Vaticano Imprimir E-mail
Lunes, 18 de Enero de 2010 01:01

 

Norberto Beladrich / El Cronista Comercial
El gobierno argentino impulsa, desde hace tiempo, un proyecto de reforma del status jurídico del actual obispado castrense, luego de haber insistido en la necesidad de su supresión, tras el episodio que tuvo como protagonistas al entonces titular de esa jurisdicción eclesiástica, monseñor Antonio Baseotto, y al ex ministro de Salud y actual embajador en Chile, Ginés González García.

En apariencia, el interés de la Casa Rosada es presentar el tema de la diócesis castrense como el único en el que no son coincidentes las visiones de la Santa Sede y Buenos Aires. La realidad parece indicar, sin embargo, otra cosa.

Por lo pronto es necesario tener presente que el Vaticano nunca sancionó, ni siquiera amonestó a monseñor Baseotto, quien había realizado un comentario sobre la postura del ministro González García en temas como la anticoncepción y el aborto, con una cita evangélica acerca de quienes generan escándalos.

Más aún: Roma nunca reconoció el acto unilateral de la administración Kirchner de "eliminar" el ordinariato militar. Simplemente esperó que Baseotto cumpliera los 75 años que se exigen para que cada obispo presente su dimisión ante el Papa, aceptó dicha renuncia, ubicó a Baseotto en la categoría de obispo emérito y nombró al padre Pedro Candia -número dos hasta entonces-administrador apostólico del obispado (con lo cual ratificó la continuidad de su existencia). Dicho en extrema síntesis: "ni un paso atrás".

En cuanto al resto de la agenda de la relación bilateral, vale la pena recordar los llamados de Benedicto XVI a combatir el escándalo de la pobreza y la corrupción, ambos de 2009. El primero incluido en su mensaje para la colecta anual destinada a los más necesitados y el segundo como parte de su alocución ante las presidentas Fernández de Kirchner y Bachelet, al celebrarse los 30 años de la mediación de Juan Pablo II que evitó la guerra por las islas del canal de Beagle.

Es cierto que ambas exhortaciones forman parte del habitual discurso pontificio a pueblos del mundo en desarrollo, pero también lo es que el Papa creyó oportuno usarlas en tales ocasiones. Y que en esas intervenciones aparecen generalmente dos alternativas: (a) cuando la nación destinataria es pobre en recursos, el llamamiento va dirigido a los países más ricos, a las organizaciones internacionales y, en general, a la buena voluntad de quienes pueden brindar auxilio; (b) cuando -como en el caso de la Argentina- los recursos abundan real o potencialmente, la voz papal apunta "al interior": gobiernos y estratos sociales más favorecidos. 

Finalmente, con respecto al llamado "matrimonio gay", durante el año último hubo pronunciamientos individuales de numerosos obispos y uno colectivo, de la Conferencia Episcopal Argentina, dirigidos varios de ellos a las autoridades legislativas debido a que el Congreso maneja un proyecto de legalización de tales uniones.

En esas oportunidades se dejó en claro la postura multisecular de la Iglesia -con innegables raíces bíblicas- en cuanto a los elementos y requisitos básicos de la unión matrimonial.

Como se sabe, en este aspecto un organismo del ámbito del Ejecutivo -el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo, INADI, que depende del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos- alentó y promovió la realización de un enlace homosexual finalmente cumplido en Ushuaia, e incluso generó un entredicho con el obispo de San Justo, monseñor Baldomero Martini, quien tras haber remitido una carta al presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Eduardo Fellner, en la que destacó también aspectos civiles de la cuestión, se vio obligado a recordar a las autoridades la vigencia del acuerdo bilateral entre la Santa Sede y la Argentina, que reconoce la plena libertad de los dignatarios religiosos para predicar y enseñar la totalidad de la doctrina católica.

El INADI había creído ver en la postura de monseñor Martini un acto de discriminación, y lo había "emplazado" y efectuar su descargo. Aun si fructificara el esfuerzo gubernamental argentino por llevar adelante su iniciativa sobre el ordinariato castrense, entonces, el vínculo bilateral seguiría exhibiendo elementos de asperezas, por cierto insuficientes para hablar de un conflicto, pero dignos de ser tenido en cuenta si realmente se cree importante llevar por buen camino la relación la Santa Sede.

 
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