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El Gobierno, la Iglesia y la vida privada Imprimir E-mail
Lunes, 18 de Enero de 2010 01:37

Federico Sierra / Crítica Digital

El investigador Juan Cruz Esquivel repasa la relación del kirchnerismo con las autoridades eclesiásticas, pronostica una confrontación por el matrimonio gay pero advierte que las leyes religiosas no cambiaron.

Hace más de una década, Juan Cruz Esquivel se dedica a analizar los vínculos e influencias recíprocas entre el Estado argentino y la Iglesia católica. El libro Religión, política y sociedad acaba de incluir un trabajo de su autoría sobre los tiempos de Carlos Menem. Llevado al presente por Crítica de la Argentina, el sociólogo afirma que si bien el gobierno de Néstor Kirchner desplazó a la Iglesia como “interlocutor privilegiado”, ninguna modificación en la legislación terminó por consolidar el cambio político. “En Argentina la relación ha sido siempre simbiótica y yuxtapuesta. La Iglesia busca constituirse como un actor político y también logra que se la visualice desde ese lugar”, señala.

–¿Política e Iglesia se legitiman mutuamente en Argentina?

–Si, la Iglesia es reconocida como garante de legitimidad política. Hay una cultura política con visos de confesionalidad que busca a la Iglesia como fuente de legitimidad. Es algo que vemos a diario. En la Ciudad de Buenos Aires el gobierno avaló respetar el fallo de la jueza Gabriela Seijas (sobre matrimonio homosexual). Pero luego ocurrió el encuentro de Macri con (el arzobispo Jorge) Bergoglio y el jefe de Gobierno no dio lugar a que el fallo se concrete. Incluso fue el jefe de Gobierno quien acudió al arzobispado y no al revés, lo que da cuenta del lugar privilegiado que los políticos le dan a la Iglesia católica.

–Y se supone que la Ciudad es el distrito menos religioso.

–Ocurre que estas cuestiones no son centrales para definir el voto de la ciudadanía. El voto tiene una multiplicidad de condicionantes y estos temas no tienen un peso demasiado considerable, como para que Macri y Michetti sean representes de un electorado secularizado. La opinión pública no tiene tan presente a la hora de votar quiénes actúan como correa de transmisión de demandas eclesiásticas. Además, no hay que olvidar que en los medios la Iglesia católica tiene una voz significativa. Aquí está naturalizado que cuando hay un debate sobre eutanasia o un tema así, aparezca la opinión de un médico y al lado de la un cura en igualdad de condiciones.

–¿Los gobiernos kirchneristas cambiaron ese tipo de relación?

–Con el gobierno de Néstor Kirchner hubo un punto de inflexión que desplazó a la Iglesia católica de ese lugar de interlocutor privilegiado al momento de definir políticas de sensibilidad eclesiástica. Sin embargo, el matrimonio no avanzó en aspectos legislativos que rubriquen esta nueva modalidad de la relación.

–Es decir que quedaron en pie las leyes que sostienen a la Iglesia como interlocutor privilegiado.

–Si, hay una batería de leyes que datan de la dictadura o antes que reflejan la posición privilegiada del cristianismo en relación con otros cultos. El financiamiento del culto católico, la asistencia religiosa exclusiva a las Fuerzas Armadas, los pasaportes diplomáticos para cardenales, arzobispos y obispos. Toda esa normativa aún está vigente. Un nuevo gobierno que quiera reestablecer el vínculo simbiótico tradicional no va a necesitar sancionar ninguna legislación, tiene los recursos jurídicos para hacerlo.

–¿Cree que el Frente para la Victoria apoyará la ley de matrimonio gay este año?


–El Frente para la Victoria es un espacio diverso donde la simbiosis de lo político y lo religioso está más marcado en algunos dirigentes que en otros. El peronismo tradicionalmente está vinculado al catolicismo y el kirchnerismo es una expresión del peronismo. Muchos de sus dirigentes fueron peronistas antes de Kirchner y lo serán después del kirchnerismo, por lo que sus vínculos con la Iglesia van más allá del actual gobierno.

–¿La Iglesia podrá atacar a Cristina Fernández como lo hizo con Alfonsín por la ley de divorcio?

–Una sanción de este tipo va a ser cuestionada por la Iglesia, que va a mandar cartas a los legisladores y trabajar e influenciar para que no se apruebe. Eso es obvio. En el fondo hay una batalla por modelar el comportamiento cotidiano: una manipulación simbólica de la vida privada. Pero el kirchnerismo tiene una relación difícil con la Iglesia desde sus inicios. Por eso creo que apoyar una iniciativa de este tipo no le agregaría un costo adicional.

Pujas y transformaciones religiosas, desde Raúl Alfonsín a Eduardo Duhalde


El libro Religión, política y sociedad sostiene que lejos de los pronósticos apocalípticos del siglo pasado que planteaban su progresiva desaparición en el marco de la creciente racionalización y secularización de la sociedad moderna, lo religioso ha emergido a través de múltiples manifestaciones demostrando su persistencia, a la vez que exteriorizando tanto perspectivas novedosas como reafirmando planteos tradicionalistas y fuertemente fundamentalistas. De esta manera se ha convertido en los últimos tiempos en una instancia relevante en el escenario social, no sólo en cuanto a las transformaciones que lo caracterizan en el actual momento histórico, sino especialmente en su gravitación en la sociedad civil y sus vínculos con el Estado.

El libro, que incluye trabajos editados por los investigadores Aldo Ameigeiras y José Pablo Martín, aborda tanto “las nuevas transformaciones del creer” en la sociedad moderna, como las implicancias que tuvieron y tienen en la sociedad argentina.

El texto comienza con un mapa religioso a cargo de Fortunato Mallimaci y en su segundo capítulo refleja “una mirada desde las comunidades católicas”, a partir de un trabajo de Verónica Giménez Béliveau. El libro incluye también un análisis sobre la relación de la Iglesia con los gobiernos de Raúl Alfonsín y Carlos Menem. Y concluye con un capítulo titulado “La participación de la Iglesia católica en la Mesa del Diálogo Argentino: pujas y tensiones en un espacio espiritual”, escrito por Ameigeiras.

 

 
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