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El Estado, la religión y el martirio de Giordano Bruno Imprimir E-mail
Viernes, 26 de Noviembre de 2010 21:44

El Mártir de las Ciencias 

Carlos Rivero Collado en Kaos en la Red 

Antes de que Galileo comprobara el movimiento de los cuerpos celestes, el filósofo Giordano Bruno se convirtió en el apóstol de las ciencias. Fue quemado en la hoguera por defender la verdad.

A los que se llama "no-creyentes", son, en realidad, los más creyentes porque creen en las ciencias, que es la creencia más creíble en que se pueda creer.

1-. El Estado y la religión

¿Significa la historia del Vaticano que tengamos que hacerle ahora a la Iglesia lo mismo que ella le hizo a muchos pueblos por tantos siglos? No.

Los defensores de las ciencias son humanistas porque benefician a todos los seres humanos, no los queman en la hoguera, ni les mienten, ni los torturan, ni los amenazan con el eterno terrorismo del infierno, ni creen que pueda haber un Dios tan monstruoso que, siendo ominipotente, omnisapiente y omnipresente, como dice la Iglesia, pueda haber permitido todas las tragedias que han martirizado a la humanidad por tantos miles de años.

No se debe culpar a la Iglesia por sus crímenes históricos. Sería como acusar a Jimmy Carter por la monstruosidad de Hiroshima o a Barack Obama por la carnicería de Vietnam.

Cada época tiene sus culpas y sus culpables. A Obama podemos acusarlo del empeoramiento de la guerra de Afganistán con el objetivo esencial de aumentar las ganancias de la industria bélica, espina dorsal del Complejo Militar-Industrial-Terrorista, y las entradas multibillonarias de quienes controlan, desde Estados Unidos, el negocio del opio y sus valiosos derivados; pero no podemos inculparlo por el incio de la guerra en ese país, ni por la invasión a Iraq, que ya ha costado más de un millón de muertes, aunque sí por mantener en ese país, padre de la civilización y la cultura, a unos 60,000 soldados para que aseguren la producción de petróleo, robada a Iraq por las compañías transnacionales que han sobornado a la Casa Blanca y el Pentágono con sumas billonarias. Es, sin la menor duda, una guerra de sangre por dinero. Lagos de sangre, montañas de dinero: una Suiza geográfica, pero guerrera.

La Iglesia católica --de hecho, casi todas las iglesias del mundo--, no realiza una labor subversiva que ponga en peligro la integridad constitucional de ningún gobierno, y por ello se debe respetar la libertad religiosa, así como la de los que quieren predicar el ateísmo, el panteísmo, el agnosticismo y cualquier otra idea física o metafísica.

Quienes creemos sólo en las ciencias no debemos temerle al poder ni a la popularidad de las iglesias.

A pesar de su auge actual, la religión se estanca en el pasado y la mentira, mientras las ciencias avanzan hacia el futuro por el sendero de la verdad comprobable; pero hay que poner el estudio de las ciencias en la vanguardia. Y hacerlo de la forma más pacífica posible, a través de la enseñanza, la cultura, la evidencia, lo indudable.

Tenemos que probarle a los que aún no lo saben que, en cuanto a lo dogmático, la Iglesia católica –y todas las demás-- está tan equivocada hoy como cuando decía que la Tierra era el centro del universo y todas las estrellas, incluyendo nuestro sol, giraban alrededor de ella, y mantenía esa opinión de una forma tan absoluta que quemaba en la hoguera a quienes no la aceptaran.

Debemos distinguir, sin embargo, entre la mentalidad reaccionaria de la Iglesia tradicional y las nuevas ideas de algunas sectas religiosas, sobre todo la Teología de la Liberación porque sigue los postulados del verdadero Jesús y los cristianos primitivos. Al plantear que se debe poner más énfasis en las víctimas del pecado que en los pecadores y que la salvación cristiana no puede darse sin la liberación política, social y económica del ser humano, la Teología de la Liberación representa una estupenda rebelión religiosa similar a la de Jesús y sus apóstoles en el Imperio Romano.

Eso no quiere decir, por supuesto, que se debe aceptar una concepción sobrenatural sobre el origen del universo y el surgimiento de la vida en este planeta. El respeto que se le debe tener, por su sensibilidad, a esa secta religiosa, no significa que haya que aceptar el concepto de un ser supremo que esté fuera de la Física. Si existiera algo fuera de nuestra Física, tendría que pertenecer a otra Física, como plantean quienes creen que existen varios universos que no se comunican entre si, lo cual es del todo posible.

Insisto, una vez más, en que si el ser humano no tiene un mínimo de conocimientos científicos que le hagan comprender que no puede haber nada fuera de la materia y que la creación del universo por un ser sobrenatural es una idea tan absurda que sólo puede aceptarse como broma, caerá, necesariamente, en la religión, no sólo porque, por lo regular, el ser humano tiene buen sentido del humor, sino porque, ante su ignorancia, la necesita.

2-. La sorpresa

¿Tiene sentido que después de 74 años de un sistema político que se basa en el materialismo científico, además del histórico, las iglesias de Rusia se hayan visto llenas después de diciembre del 91?

De acuerdo a las estadísticas de algunas fuentes a las que se les puede dar cierto crédito, las proporciones aproximadas de personas no-religiosas en algunos de los países que pertenecían a la Unión Soviética y al campo socialista europeo, son las siguientes --las personas que se declaran así es porque creen o se inclinan a creer, o suspenden el juicio esperando que algún día lo puedan creer, que no hay nada más allá de la Naturaleza, sean ateos, agnósticos, no-creyentes, etc.--:

Rusia, 36 %; Hungría, 35; Latvia, 24; Ucrania, 20; Belarús, 17; Armenia, 14; Lituania, 13; Kazajtán, 11; Albania, 8; Kyrgistán, 7; Rumanía, 5; Polonia, 1.

De acuerdo a estas estadisticas, sólo un 14% de chinos y un 7% de cubanos se declaran "no-creyentes" --debe entenderse que lo que estas dos palabras significan, en rigor, es que no creen en la mentira porque son adictos a la verdad, o sea a las ciencias, pero el significado popular que se les ha dado es todo lo contrario--.

¿Son ciertas estas cifras sobre China y Cuba? Sería una enorme sorpresa que lo fuesen.

¿Cómo se explica que en Vietnam haya un 80% de no-religiosos y en China sólo un 14%?

¿Tiene sentido que haya en varios países capitalistas mucha mayor proporción de personas "no-creyentes" (en realidad son los más creyentes porque creen en las ciencias, que es la creencia más creíble en que se pueda creer) que en los países del ex-bloque socialista, Cuba y China? Por ejemplo:

Suecia, 72 %; Dinamarca, 69; Japón, 65; Noruega, 58; Francia, 49; Alemania, 45; Inglaterra, 39.

La única explicación de esto es que las autoridades de los países socialistas han dejado el conocimiento científico, incluyendo el básico, en las universidades y escuelas superiores, y no han popularizado, a través de todos los medios de difusión masiva, los mínimos conocimientos científicos que habrían logrado que la inmensa mayoría de esos pueblos hubiese abandonado las religiones para acogerse a las ciencias.

Es muy probable, también, que se trate de una estadística errónea, al menos en cuanto a Cuba; pero, que se sepa, hasta ahora el gobierno cubano no ha desmentido esa cifra, o si lo ha hecho, lo desconozco.

Debe haber, insisto, absoluta libertad religiosa, pero es una obligación del Estado, sobre todo si es socialista, eliminar la ignorancia, y la religión ha sido, por miles de años, la más ignorante de todas las ignorancias.

La mejor forma de hacerlo es divulgando, con estudios sencillos que sean asequibles a todos o a la gran mayoría de los ciudadanos, una noción básica del conocimiento científico, sobre todo en astrofísica y genética. Quien posea esos conocimientos esenciales no debe tener dudas sobre el origen del universo –hace unos 13,900 millones de años, de acuerdo al cálculo del científico más importante del mundo actual, Stephen Hawking-- y el surgimiento de la vida orgánica en nuestro planeta, con la amiba unicelular, unos 10,400 millones de años después.

Ciertamente, es un poco más que el cálculo del obispo James Ussher, quien, basado en la genealogía de la Biblia, dijo que Dios creó el universo el domingo 23 de octubre del año 4,004 antes de Cristo, o sea hace 6,014 años, criterio aceptado por la Iglesia por más de tres siglos, que aún no ha desechado.

Para que nadie crea en cosas así, es muy importante la creación de las Escuelas Populares Científicas, que sitúen al alcance de todos los seres humanos el conocimiento de la verdad.

No hay cultura más honorable ni más evidente ni más imprescindible ni más importante que la de las ciencias.

3-. Rebelde contra la mentira

Filippo Bruno nació en Nola, región de Campania, Reino de Nápoles, en el año 1548 –se desconoce el día y el mes--. A los 17 años entró en la Orden Dominica, en el monasterio San Domenico Maggiore de Nápoles, adoptando el nombre de Giordano.

A pesar que desde muy joven mostró rebeldía de pensamiento y afición por los libros prohibidos por la Iglesia, se mantuvo o­nce años en la vida eclesiástica y en una ocasión viajó a Roma para enseñarle al papa Pío V su sistema de memoria, parecido al que hoy se conoce como mnemotecnia, que comenzó a desarrollar desde muy joven. Su sistema le permitió memorizar capítulos enteros, y hasta párrafos palabra por palabra, de los libros que leía una sola vez.

A los 28 años, Giordano renunció a sus hábitos como fraile dominico. Viajó, entonces, al puerto de Noli, en Génova, y después a Savona, Turín y Venecia. Aquí publicó su primer libro "Sobre el Cambio de los Tiempos", en los que ya expresaba, aunque en forma discreta, algunos criterios que diferían del catolicismo.

De Viena fue a Padua y Bergamo y, cruzando los Alpes, entró a Francia, pasó por Chambery y Lyon y se quedó un año en Toulouse, en cuya universidad obtuvo el doctorado en Teología y pronunció conferencias sobre filosofía. En el verano de 1581, a los 33 años de edad, llegó a París.

París no era entonces la capital mundial de la cultura como llegaría a ser un siglo y medio después. Las capitales eran, entonces, Florencia y Amsterdam y, en cierta forma, Roma, a pesar del Papa.

En París, Giordano pronunció decenas de conferencias teológicas y se hizo famoso por su memoria excepcional que algunos atribuyeron a poderes mágicos, aunque él siempre lo negó, aduciendo que era un atributo personal que nada tenía que ver con los misterios. Enrique III manifestó su admiración por los poderes memorizadores de Bruno y por varias de sus conferencias y lo ayudó en su viaje a Inglaterra, adonde llegó como protegido y huésped del embajador francés.

En Inglaterra vivio tres años y en este tiempo terminó algunas de sus obras principales: "Diálogos Italianos", "Sobre la Causa, el Principio y la Unidad", "Sobre el Universo Infinito y los Mundos", "La Expulsión de la Bestia Triunfante", "Sobre el Heroico Frenesí" y otros.

Regresó a París en 1585, creándose varios problemas al plantear sus tesis –más de cien-- contra las ciencias naturales de Aristóteles, aceptadas por la Iglesia.

Al año siguiente viajó a Alemania. Durante dos años pronunció conferencias filosóficas en la Universidad de Wittenberg.

En 1588 fue a Praga, capital entonces del Reino de Bohemia, asociado al imperio austriaco de los Hapsburgo, y fue nombrado profesor en la universidad de Helmstedt, pero tuvo que huir al ser excomulgado por los luteranos, tan fanáticos como los católicos. En este período escribió varias de sus obras: “Sobre la Magia”, “Recuento General del Vasallaje” y “Sobre la Composición de Imágenes, Signos e Ideas”.

A principios de 1591 se hallaba en Francfurt, pero en agosto, creyendo fatalmente que la Inquisición había perdido parte de su poder terrorista, regresó a Italia por invitación del patricio veneciano Giovanni Mocenigo, tratando, sin éxito, que le otorgaran la cátedra de matemáticas en la Universidad de Padua, que un año después ocupó Galileo.

No hay evidencias de que Galileo y Bruno se conocieran cuando aún el primero no había expuesto sus obras y ya el segundo había alcanzado cierta fama.

Hasta marzo de 1592, Bruno fue huésped y tutor de Mocenigo. Este infame aristócrata del incipiente capitalismo comercial traicionó a su maestro, que había tratado de enseñarle la verdad de las ciencias, entre ellas la teoría heliocéntrica de Copérnico que ya los filósofos griegos habían planteado en la Antigüedad, y sus ideas sobre el universo infinito, y lo denunció a la Inquisición el mismo día en que planeaba salir de Venecia para iniciar su regreso a Praga.

4-. La integridad de los principios

El 22 de mayo de 1592, Giordano Bruno fue arrestado por los gendarmes de la Inquisición veneciana. La acusación inicial que se le hizo fue de blasfemia y de creer en la pluralidad de los mundos. Se defendió con gran pericia alegando el carácter filosófico de sus ideas y enseñanzas, admitiendo que tenía dudas sobre algunos de los dogmas de la Iglesia.

A pesar de la crítica cautelosa que Bruno le hizo a los dogmas católicos ante el tribunal veneciano, la Inquisición Romana, controlada directamente por el Papa Clemente VIII, ordenó su traslado a Roma, en febrero de 1593.

Entre sus muchas ideas astronómicas que pugnaban con la Iglesia, Bruno fue más allá de Copérnico y planteó que el sol no era nada más que uno de los tantos cuerpos celestes del universo y que las estrellas eran idénticas a él.

Bruno fue encerrado en la Torre de Nona durante siete años. Ante el terror y el abuso extremo, fortaleció su posición y reafirmó con más fuerzas sus ideas científicas.

En el extenso juicio que se le siguió, las acusaciones principales de la Iglesia fueron las siguientes:

A-. Mantener opiniones contrarias a la fe católica y hablar en contra de ella y de sus ministros.

B-. Mantener opiniones erróneas sobre la Trinidad, la divinidad de Jesucristo y la Incarnación.

C-. Mantener opiniones erróneas sobre Jesucristo.

D-. Mantener opiniones erróneas sobre la misa y la Transubstanciación.

E-. Mantener que hay muchos mundos eternos.

F-. Creer que las almas humanas pueden reencarnar en los animales.

G-. Practicar la magia y la adivinación.

H-. Negar la virginidad de María.

Aunque el tribunal no lo inculpó por defender la teoría heliocéntrica, enfrentándose a la opinión de la Iglesia de que la Tierra es el centro del universo y todos los cuerpos celestes dan vueltas alrededor de ella, se daba por sentado que ésa era una de las causas principales de la Iglesia contra él.

Su juicio fue controlado por el Cardenal Inquisidor Roberto Belarmino, el mismo que tres décadas después obligó a Galileo a abjurar de sus ideas y lo mantuvo preso en su hogar los últimos siete años de su vida.

Bruno estuvo de acuerdo en renunciar a algunas de sus ideas, pero no a que en el universo existen pluralidad de mundos. Belarmino exigió que tenía que abjurar a todas y cada una de sus ideas que no estuviesen de acuerdo integralmente con el dogma católico. Bruno se negó.

Las torturas que debe haber sufrido en esos siete años para que abjurara de todas sus ideas hubieran horrorizado a los monstruos de Abú Ghraib.

Para no morir en la más terrible de todas las muertes, la de ser quemado vivo, Bruno acudió al papa Clemente VIII para que le permitiera hacer una renuncia parcial de sus ideas.

El Papa le exigió una abjuración absoluta e incondicional … algo que nos recuerda la actitud de Truman, tres siglos y medio después, cuando le exigió la rendición a Japón, usando las mismas palabras de Clemente VIII, para obligar al gobierno de Tokío a no aceptar tan insolente ultimatum y, entonces, arrojar las bombas en Hiroshima y Nagasaki, las que, de todas formas, había decidido lanzar.

La Inquisición lo encontró culpable de herejía y lo condenó a morir en la hoguera. Bruno se puso de pie para oír su sentencia y mirando, fijamente, a sus jueces, con palabra serena les dijo:

--Tal vez ustedes pronuncien esta sentencia con más temor del que yo siento al recibirla.

Giordano Bruno fue quemado en la hoguera, en el Campo de Fiori, al centro de Roma, el 17 de febrero del año 1600.

Sus cenizas fueron lanzadas al Tíber, pero su obra y el ejemplo magistral de su heroica vida se mantendrán en la memoria de todas las personas justas del mundo

 
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