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¿Qué significa ser apóstata? Más de un millar de argentinos y argentinas quiere renunciar al bautismo Imprimir E-mail
Lunes, 06 de Diciembre de 2010 01:00

Natalia Paez / Diario Tiempo Argentino

Proponen que la pertenencia a la Iglesia pueda eliminarse en forma voluntaria, sin que ello implique abandonar la fe. El pedido va más allá de lo individual: reclaman un Estado laico. El próximo viernes se presentarán en el Arzobispado.

La apostasía es el derecho a renunciar a una religión, y el único medio que la Iglesia Católica reconoce como válido para que una persona bautizada pueda dejar de pertenecer a ella en forma voluntaria. El 10 de diciembre, en el marco del Día Internacional de los Derechos Humanos, un grupo de militantes de asociaciones sociales y humanitarias se arrimará hasta la sede del Arzobispado de Buenos Aires a presentar cartas para dejar de pertenecer –formalmente– a esa institución.

La primera acción de estas características fue realizada en 2009, en la que según los miembros del grupo Apostasía Colectiva, un millar de personas hicieron sus solicitudes.

El lema es “¡No en mi nombre!” y hace referencia al poder de representatividad que se adjudica la Iglesia en temas legislativos y en la obtención de privilegios por ser la religión oficial. La situación se enmarca en un reclamo mayor: instalar la posición de un grupo de personas que están a favor de la separación del binomio Iglesia-Estado y la voluntad de que la Argentina sea declarado un Estado laico como lo son, por ejemplo, Uruguay o México, donde a pesar de esto hay multitudes de activos practicantes de la religión católica.

“Una gran mayoría de las cartas no han tenido todavía una respuesta positiva, pese a que ya ha  transcurrido más de un año y medio de esa presentación”, dijo a Tiempo Argentino Andrés Miñones, miembro de Apostasía Colectiva y ateo militante. Aunque los organizadores aclaran que renunciar al bautismo no implica renunciar a la fe. Ni supone que quien lo solicite se considere ateo.

El trámite se realiza mediante una carta al obispo o máxima autoridad eclesiástica que es presentada ante la diócesis a la que pertenece la parroquia donde se realizó el bautismo. “Ejercer la apostasía no es un acto ofensivo ni de desconsideración hacia los practicantes católicos. Es reconocer la condición propia, para aquellos que no comparten la fe de la Iglesia y no quieren que esta obtenga provecho de su indiferencia, es sencillamente un acto de responsabilidad propio de un espíritu libre y comprometido”, dice la organización en sus declaraciones.

“En aquella oportunidad (2009) enmarcamos nuestro reclamo en la Ley de Habeas Data, además de  la Constitución Nacional y tratados internacionales. A pesar de que dicha ley fija un plazo de cinco días para una respuesta favorable, en los hechos las respuestas han sido en el mejor de los casos tardías y luego de insistentes contactos con la diócesis correspondientes. En muchos otros casos no hubo respuestas o estas fueron negativas”, agregó Miñones.

Agrupaciones y movimientos de Derechos Humanos, movimientos sociales, de trabajadores, de mujeres, de diversidad de género, feministas, ateas y ateos, y algunos legisladores como María José Lubertino, que presentó un proyecto para que se descuelguen de los edificios públicos símbolos religiosos como crucifijos, adhieren a esta iniciativa. También recibieron el apoyo de artistas como León Ferrari. “Es una forma de manifestar el desacuerdo con su política social, sexual y económica, dejando en claro que no nos representa ni queremos que reciba, del Presupuesto del Estado Nacional, subsidios ni privilegios en nuestro nombre”, afirman.

Los activistas exigen la rectificación y supresión de esos datos  de los registros de la Iglesia. E invocan el artículo 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y el 18 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, que garantizan la libertad de conciencia y de religión.

Además exigirán respuestas a los pedidos de apostasía presentados en marzo del año pasado que aún no recibieron respuesta o fueron denegados.

“Ha llegado el momento de ciertos cambios”

Verónica Giménez Béliveau

La apostasía es un acto personal que afirma la autonomía del sujeto frente a un rito socio-religioso impuesto.
Todo aquel que ha sido bautizado tiene derecho (por la Ley de Habeas Data) a rechazar esta imposición.
Ahora bien, ¿alcanza con apostasiar, aun si muchos ciudadanos lo hacen, para laicizar el espacio público?
Creo que no. El tipo de catolicismo que se ha desarrollado desde los años 1930 en Argentina propone un modo de relación con el Estado que se caracteriza por avanzar sobre las instituciones (con personal formado en las filas del catolicismo, con agentes especializados que actúan llevando a sus espacios profesionales los principios católicos), marcando el espacio público con los signos de la catolicidad: crucifijos, imágenes de vírgenes, juramentos para cargos estatales basados en los Evangelios.
El problema central aquí es que las dependencias estatales son de todos los ciudadanos, que deberían acceder a ellas sin temer parcialidades producto de divisiones de género, de clase, de religión, de raza.
Estos signos de parcialidad deberían ser removidos de los espacios colectivos. Hacerlo, como toda disputa contra poderes instalados, requiere de una firme decisión política.
Acciones colectivas en el plano de lo político que recorten beneficios centenarios de instituciones poderosas. Es difícil, pero no imposible. La historia argentina reciente nos ha demostrado que, de la mano de profundas transformaciones sociales, ha llegado el momento de ciertos cambios.
Última actualización el Lunes, 06 de Diciembre de 2010 01:07
 
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